El mundo según Alexandre Arrechea

alexandre_arrechea_by_geandy_pavon

JOAQUÍN BADAJOZESPECIAL/EL NUEVO HERALD
09/27/2014 8:00 AM 09/27/2014 12:00 PM

En The Map and the Fact, Alexandre Arrechea parece reconstruir aquella idea de Nicolás de Cusa, en De Docta Ignorantia –y que Borges inserta en uno de sus cuentos de El Aleph– de que “toda línea recta es el arco de un círculo infinito”. Al mismo tiempo, esta exhibición del artista cubano de 44 años, en la galería Magnan Metz de Nueva York, trae a colación un dilema conceptual bizantino: el hombre establece su propia y engañosa relación con la realidad a través de representaciones gráficas, de forma tal que el mapa, con todas sus limitaciones, puede llegar a “prevalecer” sobre la topografía “real” de un territorio.

Para echar leña al fuego de la imaginación, y siguiendo una estética minimalista, el artista enfrenta realidad y representación en una muestra conformada por dos únicas piezas: The Map (El mapa, 2014), políptico de cuatro acuarelas sobre papel, enmarcadas en paneles independientemente; y The Fact (Lo real, 2014), instalación de 18 paneles de madera policromada, acrílico y metal, de color amarillo naranja que constituye, según Arrechea, una sección del territorio representado en The Map, un segmento de esa accidentada geografía en la se cruzan círculos perfectos, como si un dibujante topográfico hubiera ralentizado el momento en que llueve sobre un espejo de agua.

Reafirmando esta idea, la de una inasible topografía de la lluvia, la del mapa de alguna región líquida e imposible –el mundo según Bauman, quizás–, el artista desliza entre el relieve acanalado de su instalación fotografías aumentadas de gotas de lluvia y miel sobre hojas, atrapadas como fósiles en piedras de resina.

Entre el mapa y el territorio se establece un diálogo complejo a nivel conceptual y formal, pero también óptico, que prácticamente convierte a una obra en parásita de la otra. Lo que no quiere decir que no puedan vivir de manera independiente, pero sin la sinergia que alcanzan en esta muestra. Como en toda auténtica pieza mayor –y The Map and the Fact lo es–, existen diferentes estratos de lecturas que se acomodan al receptor. Puede ser “una metáfora visual de la cartografía precolombina con su ‘colocación’ de un continente sobre otro usado como una reafirmación de poder”, o en cambio contrastar esa cartografía geocéntrica narrada en The Fact y que aún persiste de manera simbólica en el orden mundial contemporáneo, con la representación heliocéntrica de los planetas y sus órbitas en la galaxia (The Map). También, como habíamos dicho, puede aludir a la representación de un mundo sólido, de estructura sociales rígidas frente a uno líquido, volátil y en perpetuo cambio. Nótese que la geografía de The Map sugiere ese movimiento ondulatorio, marino. El uso cromático también tiene en estas piezas su función: el cálido naranja del territorio “real” contrasta, subvierte y ofrece balance el azul casi lunar, gélido, del cartográfico.

Alexandre Arrechea ha conseguido en más de una década de trabajo en solitario lo que muy pocas estrellas de rock. Abandonar un grupo emblemático como Los Carpinteros, presumiblemente apartándose de una estética que renuncia a la autoría individual en favor las habilidades artesanales, en una especie de reivindicación del oficio anónimo, para hacer carrera independiente. Y lo notable es que lo ha logrado sin sacrificar ni el éxito ni el concepto estético, transitando a su vez de una facturación más artesanal –y quizás rústica– hacia una industrial y arquitectónica –de primer mundo–, sin llegar a la megalomanía, incluyendo siempre, a pesar de su minimalismo constructivista, algún detalle que revela su humanidad.

No Limits (Park Avenue, 2013) la oportuna instalación escultural in situ, a lo largo de la céntrica avenida neoyorquina, de sus lúdicas interpretaciones de edificios emblemáticos de la ciudad –Empire State, Met Life, Flatiron, entre otros–, fue un momento bisagra en la internacionalización de su nombre, que ya era bien conocido en el circuito iberoamericano. Al punto de que durante los últimos meses, a la par de esta exhibición, Alexandre Arrechea se ha convertido en uno de los artistas fetiche de la Babel de acero; colaborando, además, con elEscaparate del artista, las vitrinas de la exclusiva boutique Hermés en Madrid. En Octubre sale también a la venta el libro El espacio inevitable, The Inevitable Space, de la investigadora y curadora cubana Cristina Vives, bajo el sello Turner, que recorre su trayectoria hasta la fecha.

Como se puede ver, The Map and The Fact sucede en un momento cenital para el artista, por lo que no es exagerado recomendarla como un mustdentro de cualquier recorrido por la capital del arte.• 

jbadajoz@aol.com

Joaquín Badajoz es escritorJoaquín Badajoz es escritor, curador y crítico de arte. Escribe de arte para diferentes publicaciones y galerías.

The Map and the Fact, de Alexandre Arrechea, se exhibe en la galería Magnan Metz hasta el 11 de Octubre de 2014. 521 West 26th Street, Nueva York. 212.244.2344

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